lunes, 14 de abril de 2008

Parálisis cerebral. El caso de Richard, por Cherry Hassell


(Publicado en diciembre 1996 en la revista Reflexions de la Association of Reflexologists, AoR, de Reino Unido. La publicación de este estudio en nuestra revista sido amablemente autorizada por la AoR.) 


Traducido por María A. Crevillén Puche

  • Paciente: Richard, 6 años y medio de edad
  • Problemática actual: Parálisis cerebral, piernas inquietas
  • Expectativas del paciente: Ninguna
  • Aficiones: Le encanta nadar y montar en bicicleta. Monta en pony con el grupo “Equitación para discapacitados”.
Historial médico: 

La parálisis cerebral es un trastorno muscular no degenerativo como resultado de un daño cerebral, a menudo acompañado de otros problemas neurológicos. Este trastorno requiere un enfoque interdisciplinar, como fisioterapia, logopedia y otros tratamientos adecuados. 

La condición de Richard fue el resultado de una falta de oxígeno al nacer. Hasta que pudo hablar, a la edad de cuatro años, se le enseñó y utilizó el lenguaje de signos, lo que le permitió soltar la frustración que sentía porque se le podía entender mucho mejor.

Va a fisioterapia una vez a la semana y el haber estado con la misma persona ha creado un estrecho lazo entre ellos. Richard se mueve con la ayuda de un ligero andador y utiliza unas botas especiales. Puede andar solo pero tiene poco estabilidad en sus pies y se cae con frecuencia.

Antecedentes: 

Richard es mi nieto, el mayor de tres chicos; luego está Oliver de cuatro años y Andrew de 17 meses. Es un chico cariñoso y simpático; me entristece mucho que tenga que soportar esta carga. Sin embargo, él está siempre contento y se desenvuelve bien. 

Desde que aprendió a hablar es evidente que es un niño muy inteligente. Va a la escuela local y ha aprendido a leer y a escribir muy bien, aunque no tiene una total destreza con los dedos y su concentración es baja. En una ocasión informó a la profesora que había deletreado “febrero” mal ya que se había comido la “r” intermedia. Su profesora nos lo contó encantada. Hay una persona que ayuda a Richard en clase durante algunas horas cada día para así realizar actividades que él sólo no podría hacer.

Hace seis semanas, a Richard lo operaron con anestesia general para estirarle el tendón de la pierna izquierda. Le escayolaron la pierna desde los dedos de los pies hasta el muslo para mantener el tendón estirado en la posición correcta. Los pies de Richard están girados hacia dentro, y el pie izquierdo está tan girado que provoca que el pie derecho tropiece constantemente con él. No utiliza su andador en casa, prefiere moverse por si mismo. Esto le ayuda también a no depender tanto del andador y a mejorar su equilibrio.

A Richard le quitaron la escayola el día antes de que él, su madre y hermanos vinieran a nuestra casa. Tras seis semanas aprendiendo a mantenerse en equilibrio con la escayola, ahora tiene que re-aprender como mantenerse en equilibrio sin ella. Sus piernas estaban muy “inquietas”, sobre todo la izquierda, y con frecuencia saltaban, aunque en realidad no eran espasmos. El problema empeoraba cuando estaba cansado.

Durante el viaje desde Surrey a Gales, su madre había tenido que parar varias veces para que bajara del coche y pudiera estirar las piernas y así aliviar el problema. Cuando llegó estaba cansado, pero a la hora de acostarse no podía relajarse debido a sus piernas inquietas. Se levantó varias veces durante la noche ya que no podía dormir.

En lugar de sedarle con Calpol, y ya que teníamos amistad con su fisioterapeuta, la llamamos para contarle lo que pasaba y preguntarle si podía dar a Richard un masaje reflejo para ver si le ayudaba a aliviar el problema. Estuvo de acuerdo que merecía la pena intentarlo y dijo que estaría interesada en saber si funcionaba en ayudar a Richard.

Senté a Richard en un sillón rodeado de cojines y lo cubrí con una manta. Luego le expliqué que iba a jugar con sus pies para ver si podía hacerles dejar de ser “traviesos” (una expresión que él utiliza) Debido a su edad, le di un corto y suave masaje, pero esperaba que fuera suficiente para alcanzar mi propósito.

Ann Gillanders, en su libro, recomendaba que para esta condición se debía trabajar bastante la columna y el cerebro arriba y abajo en cada pie. 


Primera sesión (20 minutos)

Comencé masajeando suavemente los pies de Richard, prestando mayor atención al plexo solar. Intenté que la sesión fuera divertida para que no se aburriera y quisiera levantarse. Parecía que le divertía lo que le estaba haciendo y estaba muy relajado. Trabajé muy suavemente en todos los reflejos, luego subía y bajaba por los reflejos de columna y cerebro, también por cadera y rodilla que están afectados por esta condición. 


Estos reflejos estaban sensibles, especialmente en el pie izquierdo, donde además había algo de inflamación. Era difícil saber si esto se debía a la escayola. Mientras trabajaba por la zona del cerebro, la pierna de Richard comenzó a saltar, así que regresé al plexo solar, volviendo al área del cerebro después de un rato. Hubo unos cuantos más movimientos espasmódicos, luego se serenó y pude masajear muy suavemente los reflejos del cerebro sin más problemas. Al final de la sesión Richard estaba casi dormido, pero cuando paré me pidió que siguiera. Me senté y sostuve sus pies en mis manos hasta que se durmió, luego lo llevé a la cama. Durmió durante diez horas.

Normalmente, Richard bebe bastante líquido así que no me preocupaba que pasara tanto tiempo sin beber nada, pero cuando se despertó de dimos bastante líquido. 

Al día siguiente sus piernas parecían menos “traviesas”, pero todavía aparecía inestable sobre sus pies, lo que creo que se debía al ajuste en su equilibrio ahora ya sin la escayola. Se cayó varias veces, pero el llevar pantalones largos evitaba que se hiciera daño. Al final del día comenzó a flaquear y sus piernas empezaron a saltar de nuevo. Se le dio un baño caliente para aliviar las piernas y líquidos antes de comenzar el masaje.

Sesión 2 (20 minutos)

Richard se sentó él solo en el sillón y se subió el bajo de sus pantalones del pijama cuando le pregunté si le gustaría que le masajeara los pies de nuevo. Hice algunos ejercicios de relajamiento, luego le acaricié los pies durante varios minutos antes de comenzar con los sistemas. No detecté ningún problema excepto en la columna. Richard tenía un poco de escoliosis debido a su condición, y rotación de la cadera, y esto era evidente en la forma de sus pies – la forma que estaban girados hacia dentro.

Richard encontró el masaje muy relajante y enseguida comenzó a quedarse dormido. Normalmente siempre está muy activo a la hora de acostarse y tarda tiempo en tranquilizarse. Constantemente se levanta de la cama para ir a la habitación de su hermano o se pone a hurgar en el armario de los juguetes. Mi hija estaba asombrada de que se durmiera tan rápidamente y quería saber cuál era mi secreto. Durmió muy bien esa noche y se despertó radiante y temprano a la mañana siguiente. Parecía que tanto su equilibrio como sus movimientos eran mejores ya que intentaba seguir a su hermano sin concentrarse hacia donde iba. Ciertamente había menos sacudidas en sus piernas.

Sesión 3 (15 minutos)

Esa noche Richard se sentó en el sillón preparado para que le diera su masaje en los pies. En condiciones normales hubiera preferido no darle tantos tratamientos tan seguidos, pero él sólo iba a estar conmigo durante cuatro días y le trabajaba tan suavemente que apenas si le tocaba – aunque aún así le estaba beneficiando, y su madre dijo que podía ver la diferencia en su postura, y como estaba mucho más tranquilo a la hora de dormir.

No mostró reacción adversa alguna y al día siguiente hubo una mejoría evidente en su equilibrio. No hubo piernas “traviesas” hasta casi el final del día – y entonces sólo muy poco.

Sesión 4 (15 minutos)

La noche anterior a la partida de Richard trabajé suavemente los reflejos del cerebro y de la columna, luego pasé un tiempo acariciando sus pies o sosteniéndolos en mis manos. Sus pies y piernas – normalmente tan activos – se mantenían muy quietos. A él le encantaba que se los tocara. Como las noches anteriores, durmió muy bien.

Le he enseñado a mi hija cómo tocar y sujetar los pies, la presión en el plexo solar, para ayudar así a Richard a relajarse cuando tenga un mal día.

Mi hija me llamó cuando llegaron a casa para decirme que sólo habían parado una vez para que descansara todo el mundo, y que el viaje había sido cómodo para Richard. Sus piernas no le habían dado más problemas y su equilibrio estaba mejor. Desde entonces he oído que su fisioterapeuta está muy orgullosa del progreso de Richard y además está intrigada por la reflexología.


En total había trabajado con Richard una hora y diez minutos. No todo este tiempo le había trabajado puntos reflejos. A veces sólo sujetaba sus pies en mis manos con mis pulgares situados en el plexo solar. Utilicé un toque tan ligero como una pluma, sin embargo podía sentir la energía circulando entre nosotros. Quizás el amor que sentíamos el uno por el otro pudo haber influído en los magníficos resultados alcanzados. Sólamente sé que han sido los momentos más maravillosos que he experimentado con la reflexoterapia.

Cherry Hassell

(Este estudio enviado a Reflexions fue realizado por una estudiante en Star Reflexology)

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