domingo, 13 de abril de 2008

Un poco de historia, por Vicente Vaquer


Hace más de 4.000 años en el Antiguo Egipto la terapia reflexológica era utilizada de forma habitual tal y como se puede observar en pinturas y grabados encontrados en la Tumba de Anjmahor en Saqara, conocida como la tumba del médico, pertenecientes a la VI dinastía.




También en China eran conocidas las virtudes terapéuticas de esta disciplina, empleada frecuentemente junto a la acupuntura. En el siglo IV antes de nuestra era, un médico chino, Wang – Wei, después de colocar las agujas en el cuerpo de sus pacientes, efectuaba presiones en las plantas de los pies de manera firme, durante varios minutos, hasta conseguir el efecto terapéutico deseado. Según había podido comprobar con su experiencia, aplicando y manteniendo esa presión se conseguía liberar la energía de sanción propia del ser humano.

La reflexología en Occidente comenzó de la mano del Dr. William Fitzgerald quien, estudiando el sistema energético descrito por la medicina tradicional china, promulga una terapia basada en el tratamiento de las zonas reflejas, tomando como elementos de conexión las líneas longitudinales de energía que recorren el cuerpo de los pies a la cabeza. Sus estudios sobre esta materia le llevaron a la conclusión de que ejerciendo presión sobre unos puntos determinados, principalmente en los pies, se lograba un equilibrio fisiológico en otras zonas corporales. Fruto de su estudio publicó un tratado titulado "Terapia de las zonas reflejas. Como aliviar el dolor en casa" donde podemos hallar alguna mención interesante en cuanto a la historia de la reflexología como:

"Hace 5.000 años, se conocía ya en India, China y Japón, una forma de tratamiento mediante puntos de presión. Sin embargo, esta terapia parece haberse perdido y olvidado. Quizá fue dejada de lado a favor de la acupuntura, que surgió como el brote más prodigioso de su misma raíz"


Siguiendo estas prácticas el Dr. Riley, amigo personal y defensor a ultranza de Fitzgerald, contribuyó a la difusión de la reflexología de un modo decisivo. Durante una charla sobre la terapia de las zonas reflejas el Dr. Riley entabló conversación con Eunice Ingham, una masajista americana que, a la postre, sería la creadora de la terapia reflexológica tal y como hoy la conocemos.

Ingham quedó fascinada por esta práctica terapéutica introduciéndola en el hospital donde trabajaba. Los resultados no pudieron ser más halagüeños puesto que los enfermos, en los que aplicaba sus conocimientos recién adquiridos, manifestaron unas reacciones óptimas en cuanto a reducción del dolor, mejora de movilidad y recuperación natural.


Eunice Ingham abandonó su trabajo en el hospital para dedicarse por completo a la reflexología. Profundizó en su estudio escribiendo varios libros, entre ellos "Historias que los pies podrían contar", y confeccionó el primer mapa reflexológico con las correspondencias entre los órganos y entrañas con las distintas zonas plantares.

Hay que mencionar que, sin la misma repercusión, ya en centroeuropa en el siglo XVI se pueden encontrar manuscritos con referencias a este tipo de terapia como el del Dr. Ball de Leipzig. Incluso en el ámbito anecdótico se sabe que el gran escultor y orfebre florentino Benvenuto Cellini se efectuaba fuertes presiones en pies y manos para aliviar los dolores que padecía.

La reflexología como toda terapia holística resulta ser enriquecedora tanto para el paciente como para el terapeuta. Es utilizada para tratar prácticamente cualquier tipo de dolencia pues, por si misma, es capaz de producir las condiciones necesarias para la autosanación. 

Por cierto, ¿no es delicioso un buen masaje en los pies? ...

Vicente Vaquer

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