viernes, 7 de abril de 2017

Medicina natural: Paracelso


Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso, reconocía a la Naturaleza como la única Medicina. Llegó a quemar públicamente los tratados de Galeno y Avicena convencido de que “en las correas de mis zapatos hay más sabiduría que en todos éstos libros.”

Su actitud ante la jerarquía médica le granjeó numerosos problemas, siendo tachado de hereje y vagabundo.

Aplicaba métodos naturales y profundizo en el estudio de la Alkimia que como el mismo dijo:” el objeto de la alquimia no es transformar metales innobles en plata u oro, sino crear un remedio contra todas las enfermedades.”


Viajo por numerosos países recopilando el conocimiento ancestral para el tratamiento de las más diversas enfermedades y fue instruido en la Alkimia por Salomón Trimosin en Constantinopla durante uno de sus viajes.

La naturaleza debe conducir el proceso de la curación. El médico debe ser únicamente un nexo de unión, un enlace, sólo un instrumento. "Tan pronto como el hombre llega al conocimiento de sí mismo, no necesita ya ninguna ayuda ajena." Fue su padre, medico también, quien le guió en sus inicios. Le formó en cirugía, botánica y lenguas clásicas. De joven residió en el monasterio benedictino de San Andrés, conociendo al Obispo Baumgartener, a la sazón experimentado alquimista.

Paracelso nos dejó unas normas muy concretas:

Lo primero es mejorar la salud.

Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarse diariamente es un hábito que debes a tu propia dignidad.

Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.

Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos.
El azar no existe.

Haz todo el bien posible.

Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

Hay que olvidar toda ofensa, más aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo.

Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio.
Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada.

Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia.
Ese es el daimón de que habla Sócrates.

Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales.

Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana.

Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo.
Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.

Vicente Vaquer

1 comentario:

José Manuel ABAD MOYA dijo...

Paracelso, uno de los hombres más notables en la historia de la medicina con su obra ha influido en la medicina para siempre. Su conocimiento sobre la vida metafísica es tan complejo que hasta hoy no existen muchas personas que entiendan como poner su sabiduría en práctica, para aprovecharla en la medicina moderna. Más que un simple medico, místico, filósofo, astrólogo, profeta, alquimista, mago y hombre de conocimiento en observar y estudiar la naturaleza fue un genio universal.
Estudiar la medicina de Paracelso significa también, entrar en la “Hermética”. La medicina según Paracelso es mucho más que curar enfermedades. Es un camino holístico, lleno de inspiración y aprendizaje. Así el medico puede hacerse la idea sobre circunstancias que lo rigen y lo que la persona esta creando. Paracelso desarrolló la teoría sobre la fuerza espiritual primaria la cual es inherente en la materia, lo invisible. Esto es la “Quinta Esencia”, la verdadera fuerza sanadora.
"Como arriba, así abajo, como abajo, así arriba" una ley de correspondencia idónea para interpretar la REFLEXOLOGIA...